Hace un par de semanas me iba a decir algo y se calló.
Le pregunté, insistí en que me o dijera y respondió que había estado a punto de decirme una mentira. Al preguntarle cuál, respondió que me quería (en catalán, t'estimo, qué bonito queda). A los pocos minutos, acurrucadas como estábamos, le dije que tenía ganas de mentirle también.
Me pidió que lo hiciera. Y le mentí varias veces.